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Sábado 9 de Julio de 2011

Si los supermercados funcionaran como la enseñanza estatal o concertada

20:54 h | Artículos,diferenciada,Noticias | chequeescolar | Trackback

LES IMPORTA UN PEPINO

importa un pepino

Hoy empezaremos con una conjetura: ¿cómo creen que funcionarían los supermercados si tuvieran que seguir las reglas de las escuelas públicas y concertadas de España? Para empezar, la gente pagaría sus impuestos para financiar el suministro de alimentos. A partir de ahí, cada familia sería asignada a un determinado supermercado dependiendo de su residencia. A cambio, al llegar al supermercado cada día, todas las familias recibirían una cesta “gratis” con una serie de productos (“gratis”, lógicamente, entre comillas porque en realidad “gratis” quiere decir que no paga el usuario sino el contribuyente. Pero de pagar, pagar, les aseguro que alguien paga).

Volviendo al tema de la cesta:

¿qué productos habría en ella?

Pues eso dependería de lo que los burócratas de turno decidieran desde algún ministerio de Madrid, alguna conselleria de Barcelona o algún comisariado de Bruselas. Esos burócratas pensarían que ellos saben mucho mejor que los padres lo que les conviene a los hijos.

Al no tener la libertad de elegir ni las verduras, ni las carnes, ni las cervezas, ni los champús, ni siquiera el centro donde querríamos comprar todo eso, la competencia entre supermercados desaparecería. Eso haría que los directores de esos establecimientos no tuvieran incentivos para averiguar los gustos de sus clientes ni para asegurarse de que en las estanterías hay lo que la gente desea. Y es que los ingresos del director del centro no dependerían de la satisfacción de los clientes sino de la decisión del ministerio. En consecuencia, no tendría ningún incentivo para hacer las cosas bien y, por lo tanto, la calidad del servicio en su supermercado sería deplorable.

Pero la cosa no acabaría aquí porque luego estarían los empleados que, siguiendo las reglas del modelo educativo actual, tendrían que ser funcionarios. Es decir, no podrían ser penalizados o expulsados de su puesto de trabajo si hicieran las cosas mal y tampoco podrían ser recompensados con aumentos salariales si hicieran las cosas bien. Su salario sería determinado, exclusivamente, por su antigüedad.

Lógicamente, al estar su remuneración totalmente desligada de su productividad, los trabajadores del supermercado no tendrían ningún incentivo para atender respetuosamente a los clientes, ni procurar que todas las estanterías estuvieran siempre abastecidas, ni limpiar o arreglar los desperfectos del local. ¡Ni siquiera querrían obedecer al director de su centro! De hecho, tendrían incentivos perversos para hacer las cosas mal porque a los empleados que, por vocación, sentido de responsabilidad o espíritu de sacrificio, hicieran su trabajo correctamente, el director les tendría confianza y les pediría que hiciesen trabajos extras como ir a reuniones de padres de clientes o atender a los clientes más difíciles.

No hace falta tener un doctorado en economía para ver que esos supermercados públicos o concertados sin competencia y con trabajadores funcionarios no darían la satisfacción mínima a sus clientes. Es por eso, porque sabemos que sería desastroso, que los supermercados son privados y, más importante todavía, es por eso que compiten libremente para capturar al mayor número de clientes posible. Y es esa competencia la que hace que haya un constante abastecimiento de los bienes que desean los consumidores al mejor precio posible: el supermercado que ofrezca los productos que la gente no quiere o que venda a precios extravagantes será castigado con la ruina. Es decir, perderá todos sus ingresos ya que todos sus clientes se irán al supermercado que ofrezca los productos adecuados a los más competitivos.

¿Por qué les explico todo esto? Pues porqué el otro día me quedé de piedra al oír al candidato socialista a la presidencia del Gobierno español, don Alfredo Pérez Rubalcaba, decir que la solución a los problemas educativos de España era la implementación de un MIR para los estudiantes que se gradúan de las escuelas de magisterio. Con ello Rubalcaba no se refería a enviar a los malos estudiantes a la estación espacial soviética sino a que hicieran un examen parecido al que hacen los médicos en España. Aunque, por analogía, esa propuesta pudiera parecer interesante, la verdad es que responde a un mal diagnóstico de la situación. El problema de la educación española no es (sólo) que los licenciados de magisterio no están suficientemente cualificados (cosa que se vería con un examen como el MIR), sino que no existen los incentivos necesarios para que los profesores hagan bien su trabajo: ni se puede premiar a los buenos, ni castigar a los malos, ni los directores de centro tienen incentivos a mejorar la educación de sus centros, ni existe la competencia necesaria para inducir a todos a mejorar su rendimiento del mismo modo que la competencia hace que los supermercados funcionen.

Es curioso. En España no se incentiva que la educación sea de calidad pero sí que se asegura que, a través de la competencia, la producción y distribución de pepinos en los supermercados sea lo más eficaz y eficiente posible. ¿Por qué?, se preguntaría Mourinho. Una posible explicación sería que a los lobbies sindicales de profesores ya les va bien tener trabajo asegurado con una remuneración que no esté condicionada a que desempeñen su labor exitosamente… aunque eso conlleve un sistema educativo mediocre. Otra explicación es que, para los políticos que han diseñado el sistema, los pepinos son más importantes que la educación. Una tercera posibilidad es que, en realidad, a ellos la educación les importa un pepino.

X. SALA I MARTÍN, Columbia University, UPF y Fundació Umbele. www. salaimartin. Com Xavier

La vanguardia

1. antonio Domingo 10 de Julio de 2011 | 9:05 h

Un supermercado no es una escuela, empecemos por ahï.Los niños no son productos. :Los funcionarios(malos trbajadores hay en todos lados) no tienen la culpa de que sus jefes (politicos) sean unos inútiles. Y el derecho a la educación debe tenerla todos los niños, si su familia no puede pagarle los libros debe se el estado quién le ayude (dinero mío y suyo).¿Quién para üsted debe tener la decisión de escojer a su hijo o al mío en un centro cuando sólo queda una plaza?

2. Adosinda Domingo 10 de Julio de 2011 | 15:55 h

Eso mismo llevo diciendo varios años, sólo que en vez de con supermercados lo comparaba con un bar o restaurante (que parece importarle más a la gente que la educación). ¡La revolución que se armaría si tuviéramos que ir sólo a los bares de nuestro “área” y beber lo que nos pusieran!

3. chequeescolar Domingo 10 de Julio de 2011 | 16:45 h

Me parece que no lo ha entendido bien. Razón de más para no tratar a los niños como productos. El derecho a la educación lo tiene los niños pero son sus padres los que deciden cuál y cómo, de la misma forma que eligen otras aspectos de las vidas de sus hijso mientras son menores. Lo de decidir una plaza vacante es espinoso, porque depende de unos criterios que e ocasiones no tiene que ver con la educación. Ahí hay que insistir. Saludos

4. chequeescolar Domingo 10 de Julio de 2011 | 16:46 h

¡Y muy bien comparado, Adosinda!

5. 20D21G0 Lunes 11 de Julio de 2011 | 5:07 h

Si señor , mayúscula tontería , por que no vendemos al mejor postor todo el sistema publico y la gente que no tiene dinero para pagar una escuela privada o concertada (que tambien cobran y no nos engañemos) pues que no estudie y se pongan a trabajar siendo un niño . Y esperemos que el pobre desgraciado sin estudios no quiera tanto alguien que por su desconocimiento en metodos anticonceptivos (si es que no se prohibieron) tenga un hijo , por que aparte de no poder matenerlo ,ser menor , su mujer tambien lo sera ;esta no podra abortar a, y se me olvidaba que como tampoco tiene derecho a seguridad social (que la hemos vendido) su mujer dará luz en casa ¿Y si hay complicaciones? , es demasiado pequeña para tener un niño sin encima ningún cuidado medico . pues nada que se muera en casa¿ total ?, un pobre menos no importa ¿no?

6. Minaya Lunes 11 de Julio de 2011 | 9:30 h

Todos sabemos cómo funcionarían los supermecados si se gestionasen como la enseñanza: como funcionaban los supermecados de las dictaduras socialistas en el antiguo bloque soviético. Ved la película “Good bye, Lenin” (nada sospechosa de liberalismo) para haceros una idea de la miseria y el desabastecimiento que se alcanzaban, y como cambió a mejor cuando los alemanes del Este recuperaron la libertad y derribaron el muro de Berlín.

La educación española es como los antiguos coches Trabant de la Alemania Oriental, lentos, contaminantes, caros y con lista de espera de varios años. Y con libertad podría ser como los coches de la Alemania Occidental: Mercedes, Audi, Volklswagen, Porsche… y los ingenieros que los fabricaban eran los mismos: alemanes unidos hasta 1945.

Tienen razón quienes dicen que la culpa no es de los funcionarios docentes. Con la gestión y los incentivos adecuados, los profesores españoles podrían dejar de perpetrar graduados nivel Trabant que quedan los últimos del mundo en el informe PISA para formar graduados nivel Porsche, Audi o Mercedes.

7. Jaime Lunes 11 de Julio de 2011 | 13:41 h

A ver Antonio y otros. Lamentablemente o por suerte –prefiero que me someta una ley de la naturaleza que un funcionario o, peor aún, un político electo- las personas sí somos productos. Además, ¡sorpresa!, tenemos un precio. En economía, igual que en física, las personas no nos distinguimos del resto de “cosas” que hay disponibles en el mercado. ¿Hay alguna diferencia física cuando cae una piedra de un sexto piso que cuando lo que cae es una persona? No la hay. Es lamentable que sea una persona por las consecuencia que todos sabemos que tiene para dicha persona. Pero para la física, da igual uno que otro. La obligación de las personas es conocer las leyes de la naturaleza y respetarlas. ¿Qué le hace pensar que la economía es distinta? Las personas nos ofrecemos en el mercado para tareas diversas y distintas. Justamente el sistema que describe este artículo es el que permite a otras personas el discernir entre quien hace de manera eficiente una tarea y quién no; quién puede seguir en el “mercado educativo” y quien tiene que salir porque su nivel de competencia no da la talla. Cuando el sistema funciona de la manera descrita en el artículo, criba y lo hace para beneficio de todo el sistema –en este caso para el beneficio educativo y económico de todos-. Efectivamente se hace a costa de los malos profesores, que los hay. Pero es que la obligación de cualquier sistema productivo –y la educación es parte del sistema productivo- es eliminar a los malos para dejar a los que hacen su tarea de manera competente. Si un profesor no quiere salir expulsado del sistema, que sea competente –si una persona no quiere sufrir las consecuencias de la gravedad, que sea prudente y no se ponga al filo del precipicio-. ¿Está entendido? Igualmente, el salario de cualquier persona no se puede fijar al antojo de un funcionario o un político. Los empresarios no fijan los salarios –inmensa falacia que circula por ahí en los ministerios, los sindicatos y otras organizaciones creadas para mejorar la incompetencia general y no el interés general-. Los trabajadores somos “productos o servicios disponibles en el mercado”, lo mismo que lo son los empresarios y sus productos, le guste a usted o no. En física somos cuerpos en movimiento sujetos a las mismas leyes de la mecánica que un pollo, una piedra o una cucaracha. Si usted se siente superior, ese es su problema. Para la física y para la economía –que son ciencias y simplemente describen las cosas tal y como son y no como a quienes se sienten superiores les gustaría que fuesen- usted es un “igual” con el resto de materia que hay en la Tierra. Por lo tanto, nuestro salario lo determina la relación matemática –una regla natural perfectamente probada- que existe entre la cantidad de personas que ofrecen una tarea y la cantidad de personas que la demandan. Esto es lo que hay. Lo que es absurdo es asumir que “los empresarios fijan los salarios”. A ver, ¿cómo lo hacen? Apple Computer y Microsoft, por ejemplo, que están a tortas en el mercado, ¿de repente se juntan en una sala con el resto de los empresarios de su sector y, uno a uno, fijan el salario de cada empleado? Por favor, seamos serios. Otra cosa es que no se tengan los suficientes conocimientos en ciencia económica como para comprenderlo.

8. Jaime Lunes 11 de Julio de 2011 | 13:42 h

Por cierto. Enhorabuena al articulista. Es lo mejor que he leído en años.

9. Jaime Lunes 11 de Julio de 2011 | 14:32 h

Por cierto, otra rectificación para Antonio. Efectivamente, te doy la razón. Los “niños no son productos”. No, los niños y sus padres son los clientes que compran el producto. Los productos son los profesores, como se deduce de mi comentario anterior. Si los profesores se piensan que ellos no son “productos”, se debe a un sentimiento de superioridad completamente injustificado. Esta idea de “superioridad racial”, aún cuando se aplique a toda la raza humana y no de manera sectaria como lo hacía el nazismo y el fascismo, es falsa. No existe tal superioridad racial. Además, tanto la física como la economía tienen soluciones para quienes creen ser superiores y se apuntan a la ideología de la “superioridad racial”. La primera los estampa contra un árbol y la segunda los manda a la quiebra.

10. Analfabeto social Lunes 11 de Julio de 2011 | 22:57 h

La idea del MIR es buena (en relación con el nefasto sistema de selección actual).
Me he presentado a cuatro oposiciones y llevo diez años como docente, le confirmo que los incentivos perversos existen (me tocan a mi todos los años), pero también le digo que cuando yo me encargo de lidiar con “personal” dotado con algún “dón” especial, acabo consiguiendo unos resultados que me hacen sentir un gran profesional… Sinceramente lo que más, bueno, lo único que odio de mi trabajo, es la hipocresía e ineptitud de la mayoria de mis compañeros superiores.
Con la formación especifica (alias cursillos), hay combates de hienas para pillar sobresueldos, hay acumulaciones de cargos que hacen que algunos hagamos 18 horas lectivas, y otros 8 (lectivas de “docencia directa”, no de “papeleo”).
Los sindicatos están dentro del organigrama de los departamentos educación, eso se puede apreciar en cosas tan “normales” como valorar un cursillo de “Iniciación a Excel 97” como formación, y considerar algo sin valor tener un tercero de Escuela Oficial de Idiomas en dos idiomas.
Cuantos opositores conozco que han pagado dinerales para tener el tope de puntos por “formación” (en cursos de sindicatos, por supuesto).
Que decir de los powerpoint con los que impresionan a los tribunales; compuestos, salvo honrosas excepciones, por paletos informáticos que ni sospechan que se puede pagar a un profesional para que te haga la “defensa”.
Pero lo más terrible, es que después de diez años, nadie ha puesto el grito en el cielo. A nadie le parece alarmante que un tio tan “inutil” como yo (somos más, lo sé porque los conozco), este dando clase… Sin ser capaz de aprobar una oposición.
Pero aún hay mas, ningún padre, jamás, pero jamás! Nunca un padre me ha preguntado porque su hijo no sabía determinada cosa, o si podría ampliar los conocimietos de cierta materia… Eso, si, uno me dijo que mi problema es que me lo tomaba demasiado en serio… Después de gritarme y amenazarme… Este sistema educativo no tiene remedio, porque sus dueños son unos dejados (Me pongo como excepción a la norma).
Y no cuento como me va como padre, pero ya me tocado ver alguna cosa “rara”, y soy un “neofito”.

P.D: Evidentemente, soy un Indignado… De verdad!

11. chequeescolar Martes 12 de Julio de 2011 | 7:54 h

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