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Lunes 31 de Marzo de 2008

Asignaturas científicas y asignaturas ideológicas

8:51 h | Educación para la Ciudadanía,Libros,Noticias,Opinión | chequeescolar | Trackback

ANTONIO ÁLAMOS OLMOS

Profesor de Filosofía

Asignaturas científicas y asignaturas ideológicas
Lo siento, pero no alcanzo a comprender qué trascendencia religiosa pueda tener el principio de indeterminación de Werner Heisenberg, ni qué problemas de conciencia puedan plantear asignaturas tales como la Física o la Química. Jamás se me había ocurrido pensar que fueran merecedoras de objeción de conciencia ¿por no utilizar los principios de la Metafísica! Daba por supuesto, en mi ingenuidad, que hacían uso de principios y métodos propios; que su objeto no era demostrar la existencia de Dios, sino explicar el mundo de la experiencia. Las leyes físicas ponen en relación los fenómenos y las teorías tratan de unificar esas leyes y dar coherencia a las observaciones. Son fundamentalmente herramientas matemáticas que permiten deducir los hechos observados -supuestas, claro está, las constantes básicas de la naturaleza, irreductibles a cualquier deducción- y anticipar otros desconocidos. Son útiles, más que verdaderas.

Que no podamos determinar con exactitud, simultáneamente, la posición y velocidad de una partícula elemental -como afirma el principio de indeterminación en su formulación primera- o que el mundo subatómico no esté rígidamente determinado sino que se comporte con aleatoriedad son cuestiones de escaso relieve teológico. Por no entrar en las diversas interpretaciones que hacen los físicos de este principio: si la incertidumbre se debe exclusivamente a nuestra incapacidad de medir con precisión por la inevitable influencia del instrumento de observación en el proceso que se quiere mensurar o si se trata de una indeterminación objetiva propia del comportamiento de las partículas mismas; si esta indeterminación puede ser reducida ulteriormente a un determinismo básico por mediación de variables para nosotros todavía desconocidas o no puede serlo. La mecánica cuántica, ciertamente, asegura que un electrón, por ejemplo, puede encontrarse en una superposición de distintas localizaciones y velocidades, y la función de onda representa estos estados posibles con la probabilidad correspondiente; pero cuando se procede a medir con precisión una de esas propiedades se obtiene siempre un resultado único, no una superposición de estados. De ahí que la ‘interpretación de Copenhague’ afirme que las ecuaciones de la mecánica cuántica funcionan sólo en la parte microscópica de la realidad y dejan de valer en el mundo macroscópico. Y, sin embargo, utilizaron con gran éxito este instrumento matemático.

Una indeterminación esencial de las partículas elementales quizá pudiera afectar a la visión panteísta del universo – recordemos su rechazo por parte de A. Einstein, influido por Spinoza-; pero no tiene por qué suponer obstáculo alguno al poder creador y al gobierno de un Dios omnipotente: las acciones contingentes de las criaturas no escapan a la providencia divina, afirma Tomás de Aquino. Del mismo modo, la inexistencia de una férrea causalidad en el orden de los fenómenos de la experiencia, de manera que de una causa o complejo de causas se siga necesariamente una resultante y sólo una, tampoco afectaría a las pruebas de la existencia de Dios: éstas no se basan en el tipo de ligazón que une entre sí a los fenómenos -por simple causalidad física nunca lograríamos trascender el universo-; sino en una reflexión sobre el ser y su fundamento, en una interpretación de la realidad en su conjunto a la luz del principio de razón suficiente.

Se comprende que el buen sentido de las familias nunca se haya mostrado alarmado ante unas asignaturas que pretenden exponer honradamente los conocimientos científicos tal como se poseen en la actualidad -aun siendo conscientes de su carácter limitado y no definitivo- y las distinga muy bien de aquéllas, de factura doctrinaria e ideológicas, que intentan imponer forzadamente una determinada visión de la vida y unos valores no aceptados comúnmente. Y recuerdan el pronunciamiento del Tribunal Europeo de Derechos Humanos: «Es al Estado y a cada centro docente al que le corresponde suministrar a los padres la información necesaria para que puedan ejercer su derecho a educar a sus hijos, incluso ejerciendo el derecho a la objetar la asignatura». En este Tribunal acabarían, en última instancia, las objeciones de conciencia a ‘Educación para la ciudadanía’.

Publicado en Larioja.com http://www.larioja.com/prensa/20080331/opinion/asignaturas-cientificas-asignaturas-ideologicas-20080331.html

Nota propia, este artículo de opinión se entiende si antes se sabe que una exdiputada y exsenadora de UCD y profesora jubilada de Instituto publicó este este artículo

1. Aransay Aransay Jueves 3 de Julio de 2008 | 0:45 h

Cómo se puede considerar doctrinaria una asignatura que pretende explicar a los alumnos las instituciones de un estado plural y los principios que rigen dichas instituticiones, que informa de los derechos y deberes de los ciudadanos y habitantes que lo sustentan.
Seguramente sea una asignatura ideológica, heredera de las ideas y principios formulados por los ilustrados franceses, ingleses y alemanes del siglo XVIII. Sin embargo son estos principios los que rigen el actual sistema político español.
Esta asignatura es necesaria, no sólo para los adolescentes que pueblan las aulas, también para los demás ciudadanos de pleno derecho, porque, como la declaración de derechos de 1789 expresa, es el olvido de éstos lo que conduce a la tiranía y es la afirmación de éstos lo que conduce a la formación de la nación moderna, un conjunto de ciudadanos iguales en derechos y deberes.
Esta asignatura es una afirmación de la soberanía nacional, de los derechos y libertades propios de cada ser humano. No cabe oponerse a ella en nombre de éstos derechos que ésta explica e informa.
Respecto al derecho legítimo de los padres de educar a los hijos, este no es contrario al legítimo derecho de la nación de formar ciudadanos conscientes de lo que son. La íntima educación familiar no se opone a la enseñanza de lo que define a una persona, a un ciudadano, sino que es un complemento, esta distinción la hacían ya los griegos.

por otra parte me alegraría tener noticias suyas, señor Alamos Olmos, creo que enseñó filosofía en el instituto hermanos d’elhuyar de Logroño, y que yo tuve la suerte de ser alumno suyo en tiempos de la tentativa de golpe de estado de Tejero.

2. Mac Jueves 3 de Julio de 2008 | 11:09 h

Aransay, puede escribirle una carta abierta en el periódico, aunque me temo que no conoce usted el contenido de la asignatura. Don Antonio le responderá con gusto. De aquella época seguro que algún compañero suyo puede darle al dirección.

De 1789 es la Revolución Francesa, no la Declaración de los Derechos humanos.