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Martes 26 de Diciembre de 2006

No hay más solución que la libertad

11:52 h | Libros,Noticias | Maria | Trackback

familia.jpgDe nuevo se ha vuelto a plantear en nuestro país la cuestión laicista. Dejando a un lado artículos y declaraciones múltiples al respecto, el problema lo han puesto en primer plano de la actualidad dos documentos contrapuestos que acaban de hacerse públicos. Por una parte, la instrucción pastoral de la LXXXVIII Asamblea de la Conferencia episcopal española sobre orientaciones morales ante la situación actual de España y por otra, el Manifiesto del Partido Socialista Obrero Español con motivo del XXVIII Aniversario de la Constitución sobre Constitución, laicidad y educación para la ciudadanía.

El tema de la laicidad en la vida política es importante siempre y en España, de forma especial. Es un asunto que tenemos sin resolver de forma satisfactoria y que ha sido y será fuente de graves conflictos en tanto no se le dé una solución adecuada.  Afecta, nada menos, que a la definición constitucional del Estado con graves consecuencias de orden personal y social. Fundamentalmente afecta a la concepción de la enseñanza y a sus contenidos.

En este contencioso se encuentran, por una parte la Iglesia católica y las demás confesiones religiosas que exigen la enseñanza religiosa en los centros públicos en pie de igualdad con las otras disciplinas. A esta exigencia totalmente constitucional  se niega el actual Gobierno socialista alegando que el estado es laico. Alegación falsa. El Estado español no es laico sino aconfesional, que no es lo mismo. La actitud del Gobierno socialista choca frontalmente con la Constitución, que dice: «Ninguna confesión tendrá carácter estatal. Los poderes públicos tendrán en cuenta las creencias religiosas de la sociedad española y mantendrán las consiguientes relaciones de cooperación con la Iglesia católica y las demás confesiones (Art. 16.3).

Y refiriéndose a la enseñanza, a la libertad y el respeto a las opciones de los padres respecto a ella, el texto constitucional es también muy explícito. «Se reconoce la libertad de enseñanza» (Art. 27.1). «Los poderes públicos garantizan el derecho que asiste a los padres para que sus hijos reciban la formación religiosa y moral que esté de acuerdo con sus propias convicciones» (Art. 27. 3).

¿Por qué se produce entonces el conflicto estando las cosas tan claras en la Constitución? Se puede decir, sintetizando, que el conflicto surge en la aplicación práctica cuando, como es el caso del actual Gobierno socialista, no hay deseo de cooperación, como prescribe la Constitución y se establece en las leyes todo tipo de dificultades que desvirtúan la aplicación efectiva de este derecho. Con el Gobierno del PP se había llegado a un acuerdo que satisfacía a las dos partes. En aquella ocasión tuve ocasión de decir que la solución, aparentemente aceptable, entrañaba una inestabilidad que se podría poner de manifiesto cuan el signo político del gobierno fuera otro. Y así ocurrió y en ello estamos.

Yo decía entonces, y repito ahora, que la verdadera solución de este eterno conflicto se encuentra en la aplicación efectiva del proclamado derecho de libertad de enseñanza. Para que haya de verdad libertad de enseñanza ha de ser posible la creación de centros docentes por parte de los particulares, personas físicas, jurídicas (Art. 27.6). Para ello facilítese por parte de los poderes públicos la consiguiente ayuda financiera, de modo que no se discrimine, por razones económicas, el acceso a los centros que se elijan. De esta forma sería real la libertad de enseñanza. Los centros ofrecerían la enseñanza que los padres demandaran: con contenido religioso o sin él; de esta o aquella confesión. Y se terminaría con el conflicto y la zozobra de los ciudadanos en punto tan importante. Las ideologías de los gobiernos de turno no afectarían al sistema. En él, el Estado jugaría un papel subsidiario para colmar las posibles carencias de la iniciativa social.

En una leal y sincera democracia constitucional, ésta es, a mi juicio, la verdadera solución. Sólo hace falta voluntad política, confianza en la iniciativa y espíritu de emulación de los ciudadanos, sin sectarismos trasnochados.

Leandro Benavides

Publicado en la Nueva España

1. Juan García Viernes 12 de Enero de 2007 | 19:41 h

Estoy de acuerdo con usted en que es la libertad externa o pública, la que garantiza la educación y juicio crítico de los ciudadanos.

2. María Sábado 13 de Enero de 2007 | 11:04 h

Gracias por su comentario, Juan. Hay algo más: es la educación y el juicio crítico de los ciudadanos lo que garantiza la libertad. No hay mayor arma de esclavitud que la ignorancia.
Sumir a los ciudadanos en la ignorancia, en la desidia y en la pereza es asegurárselos de siervos.