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Lunes 27 de Noviembre de 2006

¿Qué hacer con un modelo educativo desprestigiado?

16:54 h | Artículos,Libros | Maria | Trackback

violenciaesc.jpgSon ríos de tinta los que están corriendo por la prensa últimamente sobre el tema de la educación. Uno de los temas más preocupantes es la merma de autoridad que sufre el profesor de Secundaria. Nos atrevemos a abrir esta reflexión con algunas interrogantes provocadoras intentando abrir algún camino en esta discusión. ¿Por qué está minada y debilitada la autoridad del profesor? Pues, quizás, porque un profesor con autoridad real no es lo más adecuado para un sistema de enseñanza obligatoria tal como está concebida en la actualidad en nuestro país. ¿Y cómo es eso? Pues, quizás, porque un profesor exigente que no esté dispuesto a pasar por la humillación de la indisciplina crea más problemas a dicha institución que un montón de alumnos incorregibles. ¿Cómo? Sí, es fácil. Si usted como profesor trata de enseñar una clase con cuatro o cinco alumnos desafiantes e insolentes y opta por no consentir tal conducta, es muy probable que quien salga perjudicado sea usted, no los alumnos. ¿Que qué? Sí, así de fácil. Es la mejor receta para que usted se cree problemas indeseados que van a entorpecer su labor docente dando explicaciones a tutores, a jefes de estudios, a orientadores o incluso padres, y hasta su misma conciencia ya culpabilizada de por qué esos alumnos se portan tan mal, y cómo es posible que sigan portándose mal, si usted dice que ha hecho lo posible por acabar con tal situación. ¿No será que falla usted? Ya puede usted escribir partes de disciplina o lo que quiera que por ahí va a conseguir muy poco o nada. Si usted opta por deshacerse de los incorregibles y el otro profesor también, el número de incorregibles e insolentes que se tendrían que ir de las clases sería alarmante. La realidad irrumpiría de un modo obsceno sobre el modelo abstracto de igualdad y esto es insostenible. Sencillamente usted no puede echar a esos alumnos, esos alumnos por activa y por pasiva han de estar ahí sean como sean y hagan lo que hagan. La definición de este modelo no admite que un número importante de jóvenes sean casos de impermeabilidad a la enseñanza reglada. O sea, por definición, todo chaval es potencialmente escolarizable y no se admite que haya chavales que no quieran o no sirvan para estudiar. Reconocer eso sería ir en contra de dicho modelo y el modelo es sagrado. Es preferible que sufra el profesor, que el profesor sea el eslabón débil a quien increpar que no que el modelo entre en crisis o salte en mil pedazos. De ahí que lo primero que hizo la reforma LOGSE fue debilitar la figura del profesor, bajar «los humos» al «profesor de tarima» y hacerle ver que a partir de entonces el profesor se convertiría en un coordinador de muchachos potencialmente creativos y participativos y todos muy majos en un mismo plano de igualdad. El trato sería de tú a tú y todos a negociar la libertad y la utopía. El objetivo era facilitar la institucionalización masiva de todos los jóvenes hasta los 16 años. Y la mejor manera de hacerlo era convirtiendo los institutos en espacios lúdicos y tolerantes donde las exigencias académicas tradicionales del esfuerzo y la disciplina no debían de distorsionar la «innata» creatividad de los jóvenes. Instituto hubo donde se hacían huelgas todos los viernes por capricho de algunos chavales y no había manera de cortar aquel abuso porque «el alumno tenía derecho a la huelga» y punto.

¿Pero no era la función de la enseñanza obligatoria la nivelación de las desigualdades sociales y hacer posible que los pobres tuvieran las mismas opciones que los ricos de formarse? Sí. Todo el modelo de la LOGSE se basaba en ese supuesto de que las enseñanzas tradicionales eran clasistas y, por lo tanto, no sólo era cuestión de meter a todo el mundo en las escuelas de Secundaria, sino también de reformar el modelo tradicional de esfuerzo y disciplina y «acumulación de conocimientos» como quien llena una botella, para pasar a un modelo más democrático, más rebajado al nivel de la mayoría no-privilegiada, más adaptado a los niveles individuales de aprendizaje y cognición, etcétera. Claro está que ese enfoque parte de la idea de que todos somos buenos y creativos, pero que la sociedad y la historia nos ha alienado y, entonces, si logramos crear espacios de libertad y espontaneidad participativa, pues las cadenas de la enajenación se rompen y así tanto pobres como menos pobres se desalinean y se liberan gracias a la educación. Todo un ejército de psicólogos se incorpora al mundo de la enseñanza con ideas más o menos fantásticas e irracionales (y sobre todo nunca probadas teorías) sobre el ser humano, aunque muchos de ellos son personas, gracias a Dios, con los pies bien puestos en tierra. El campo de la enseñanza pasa, entonces, a ser un terreno de lucha ideológica. Muchos habíamos crecido oyendo las canciones contra el horro institucionalizado de las escuelas, por parte de Pink Floyd o John Lennon, o al loco de Alice Cooper en aquella canción donde los niños salen en multitudinario tropel el último día de clase, ya de vacaciones, liberados del horror uniformador y castrante de la escuela y sus amargos maestros. Muchos entramos, asimismo, en la enseñanza con mala conciencia sartriana y asumiendo el papel de la autoridad con serias dudas y crisis de conciencia. La autoridad era mala porque sí, por principio. Así nos lo hace ver también el autor del éxito de ventas de «El profesor», Frank McCourt, libro que va en la línea de películas como «El club de los poetas muertos» y que sólo dicen lo que quieren con el objeto de exorcizar el lado oscuro e inaceptable de la condición humana palpable día a día. Fue así cómo la izquierda progresista fue creando su propio modelo de escuela, su falsa y patética analogía de la utopía igualitaria, tantas veces desmentida y desplazada por los conflictos reales e insolubles que nos plantea el lado oscuro y destructivo de mucha condición humana. Hoy día el modelo hace aguas y las fricciones se agudizan de varias formas. La indisciplina e insolencia son ya muy generalizadas en las aulas. También dentro del cuerpo docente se empieza a sufrir el revulsivo de la humillación, de la confusión de valores, de la falta de preparación en muchos casos, de la afirmación de una autoridad que le pertenece; pero que aún se la niegan porque el modelo es más político que el que debería corresponder a una sociedad civil al margen del partidismo y la partidocracia.
¿Qué hacer con los alumnos manifiestamente incorregibles que impiden dar clases día a día? ¿Cómo podremos ir desplazando un modelo que está haciendo aguas en muchos flancos, por otro más realista y de sentido común? ¿Ha de ser la enseñanza un campo de enfrentamiento ideológico o podríamos encontrar un terreno común de libertad académica donde el conocimiento pueda ser lo más objetivo posible dentro de un consenso que tenga en cuenta necesidades reales más pragmáticas que idealistas? ¿Cómo formar a un profesorado más preparado para la comprensión de la mente adolescente, además del aprendizaje de técnicas de control y organización de las clases de un modo más práctico y menos teórico? ¿Cómo devolver la autoridad al docente de tal manera que pueda librarse de aquellos incorregibles que no pueden estar en un aula? Pueden ser interrogantes válidas.

Vital de Andrés
Publicado en La Nueva España 17/11/2006

1. alecorfar Martes 12 de Junio de 2007 | 0:58 h

Respetado Vital

Me parece que en su articulo le falta mencionar, que de igual forma el aula se corresponde a un espacio en que el estudiante se empieza a corroborar como un producto de una cultura, donde el facilismo, lo inmediato, el sentido democratero de nuestra sociedad le dan cabida a visiones que corresponden màs a pequeños tiranos, sin limites,sin exigencias que a verdaderos seres creativos y participantes que ademàs de aportar le den elementos al docente para mejorar dia a dia.Seria muy importante tambien que se le preguntara al estudiante que usualmente deja trabajar, si su derecho a la educaciòn no se ve vulnerado por aquellos personajillos, que no le permiten realizar su funciòn al docente y que por lo contrario se convierten en el centro de atenciòn de la toda la escuela gastando el tiempo y los recursos tanto humanos como de infraestructura en gente que no aporta y que se vuelben una carga para cualquier establecimiento .Por otra parte considero que el derecho a la educaciòn deberia estar legalmente condicionado es decir:si hay personas que entorpecen cualquier tipo de proceso y que además lo ùnico que hacen es destrozar y acabar con los recursos de las instituciones, el estado estaria en el dercho de no permitirle estar en el sistema educativo formal, pero ingresarlo a un sistema desescolarizado que dependiera exclusivamente del progreso de la persona.le recuerdo Vital que ser maestro en este tiempo es una de las profesiones más peligrosas, desgastantes y desagradecida que existe y que para una persona que no esta en el cuento es muy fàcil decir cuanta cosa se le ocurra, pero yo si lo invitaria a que por lo menos se estuviera un dia como docente, para que se haga una idea de que se trata.Pero bien por el cuestionamiento

2. moises Sábado 26 de Abril de 2008 | 19:07 h

lo que corresponde saber de un cheque y varios modelos establecidos.