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Viernes 18 de Noviembre de 2005

Educación: una ley para unir a los más débiles

16:20 h | Artículos,Libros | Txemav | Trackback

Es evidente que la sociedad española tiene que hacer frente a importantes problemas y serias necesidades, pero de todo este conjunto dos factores destacan por su capacidad de generar situaciones críticas graves en el conjunto de la sociedad. Se trata de la insolvencia del sistema público de pensiones entre el 2011 y el 2015 y la caída libre en que se encuentra nuestro sistema de enseñanza y, en particular, por su mayor dimensión, la publica.

Está fuera de toda discusión que el gran reto económico y social de España es su bajísima productividad y por consiguiente la urgencia de aumentar las asignaciones de I+D. Pero obviamente, el dinero que es una parte del problema, no constituye toda la respuesta. Necesitamos que el grueso del país esté bien preparado porque es la única forma de conseguir un mayor número de profesionales excelentes y, también para que la base laboral posea un alto nivel. Todo esto es imposible sin un buen sistema de enseñanza primaria y sobre todo secundaria. Y España se encuentra en las antípodas de esta situación. No únicamente no mejora sino que retrocede. El muy reciente informe de la Comisión Europea señala que los estudiantes que pasaron la secundaria disminuyeron del 62,7% en el 2004 al 61,8% en el 2003. Asimismo, España ocupa el lugar 22 entre 24 países de la Unión Europea por el porcentaje de su población de 20 a 24 años con al menos enseñanza secundaria superior. Y lo peor de todo: disminuimos, pasamos del 62,2% el año 2000 al 61,8% en el 2003. Italia, para situar una referencia cercana, nos saca ya 11 puntos de distancia, cuando la diferencia en el 2000 era solo de 2,6 puntos: a pesar de la entrada en la Unión Europea de nuevos socios dotados de menores recursos económicos, hemos retrocedido. ¡Fastuoso! A mayor abundamiento, los resultados del último informe PISA aportaban datos peores que los correspondientes al año 2000.

El fracaso escolar formal se sitúa en el 30%, uno de los más elevados de occidente, pero lo más grave es que si se añaden los “aprobados políticos”, las notas con asterisco, la cifra se eleva a la mitad. Esto es un desastre literal, de unas proporciones extraordinarias, de difícil solución y que requerirían la máxima atención y consenso social para superarlo.

A pesar de ello, lo que caracteriza la última generación, digamos los últimos 15 años, es la más absoluta inestabilidad del sistema educativo. En tan solo este período de tiempo, se han producido cuatro leyes: LODE, LOGSE, LOCE, LOE. Por lo visto no hay nada más barato de producir que una ley orgánica de educación. Los chicos que han tenido que estudiar en este laberinto deberían reclamar daños y perjuicios a los distintos gobiernos.

Para terminar de acotar el panorama, es necesario recordar que el gasto total en educación; esto es, gasto público + familias, va disminuyendo. En 1995, era el 5,78% del PIB. En el 2005, solo el 5,20%. ¿La Sra. San Segundo, puede creer que con todos estos mimbres la nueva ley que ha hecho va a resolver alguna cosa?

Para empezar, es obvio, necesitaríamos que toda la comunidad educativa se sintiera partícipe de una gran revolución dispuesta a revertir la decadencia de nuestro sistema educativo, sobre todo el público, y especialmente en la secundaria. Los maestros y profesores, tanto del sector público como del concertado y privado, deberían verse reflejados en la ley y escuchadas sus razones. El sector concertado debería verse mimado por los poderes públicos porque consigue mantener, gracias a su ideario, unos resultados razonables, con unos costes inferiores a los de la enseñanza pública. Los padres deberían ser contemplados como lo que son: los primeros responsables de educar, en lugar de unos entes subsidiarios menores de edad a quienes la administración les conduce para que matriculen a sus hijos en los centros que la burocracia quiere y, no en aquellos que los padres solicitan. Debe fomentarse esta responsabilidad, y para ello es imprescindible el pleno ejercicio del derecho a elegir centro, de acuerdo con sus criterios. Sin libertad de elección, sin discernimiento, sin interés para la búsqueda y la subsiguiente participación en la escuela, la implicación es un propósito vano. Y esto la ministra de educación del Gobierno lo sabe a menos que ignore los resultados sobre las AMPAS de los colegios públicos. La Sra. San Segundo llena líneas y líneas hablando de la “escolarización equitativa” y la confunde simplemente con la burocracia. Existe una tensión lógica entre libertad de elección e inclusión educativa, pero esto no puede resolverse a base, como sucede en España, de ir enrasando el nivel hacia abajo. Esto no es ni equitativo, ni justo, ni socialista. Es simplemente, una estupidez. En Suecia, paradigma del gasto público y de la intervención del estado, la socialdemocracia asumió y desarrolló todavía más el cambio radical de modelo iniciado por la coalición de centro y los conservadores que promovió la libertad de elección en la enseñanza y en la sanidad. A través de una variante del llamado Cheque escolar. Las familias pueden elegir el colegio que consideren más adecuado porque disponen del medio económico, el cheque, para pagarlo. Y por el lado de la oferta, participan tanto las escuelas publicas, dotadas de gran autonomía y autoridad en su dirección (algo que ignora la “ley San Segundo”), como el equivalente de nuestras concertadas, de iniciativa social, así como aquellas concebidas como una actividad empresarial estricta, a condición de que todas ellas se sometan a las mismas reglas.

Hay que rechazar la LOE en el Congreso, en el Senado, en la calle y en la sociedad, no sólo porque niega los derechos a los padres, y significa la nacionalización de la enseñanza concertada, no únicamente porque ningunea a la religión abriendo un frente de batalla casposo y decimonónico, sino porque además va a terminar de hundir el sistema escolar y, sobre todo, va a castigar precisamente a los chicos y chicas cuyas familias no tengan dinero para pagarse una escuela razonable. Va a castigar, precisamente, a aquellos que debería defender si su anticuada ideología se lo permitiera.

Josep Miró i Ardèvol.

Publicado en Forumlibertas.com